jueves, 21 de mayo de 2009

Crítica gastronómica al nuevo shopping de General Paz y Panamericana

Hace unos días visité el nuevo shopping de General Paz y "Panamericana". Ya empezamos mal, porque no conozco el nombre de dicho establecimiento. Es decir que la disposición y/o cantidad de carteles informando el nombre del aposento no es la adecuada para grabar en la frágil mente del visitante dicho nombre del aposento. Y esto es sólo el principio de una serie gigantezca de errores terribles.

Las baldozas: las baldozas (no estoy seguro del nombre técnico correspondiente a dichas sustancias) están mal colocadas en múltiples oportunidades. Hay muchas a desnivel, otras rotas, desprolijas.

Luminosidad: es demasiada. Los techos son de vidrio, debido a lo cual el sol irrumpe con toda franqueza y plenitud. De acuerdo a lo que me enseñaron de chiquitito, un shopping debe ser un lugar aislado de los avatares del transcurso del tiempo. No se debe saber qué hora del día es sin la ayuda de un reloj.

Acrofobia: terrible. El hall de la entrada es un espacio abierto, una columna de aire en donde los tres pisos del lugar desembocan con destreza arquitectónica. Pero lamentablemente, lamentablemente, las barandas son muy bajas. En las ocasiones en las que me acerqué al abismo, tuve que librar una memorable batalla interior contra los impulsos casi irresistibles de lanzarme al vacío. Imperdonable error de los muchachos de marketing: el shopping no resulta ser un lugar seguro y confortable, sino que -ipso facto- fue diseñado en base a la muerte abrupta, al temor completamente racional de trastabillar cerca de la ínfima baranda, ser empujado mientras se está distraído, o simplemente no resistir la tentación y lanzarse al vacío.

Burguer King: el patio de comidas es grande, hay que reconocerlo. En el local de comidas rápidas apodado "Burguer King" (o "Rey de las hamburguesas") fui sorprendido por una cantidad inverosímil de empleados. Pude contar más de veinte. Haciendo una serie de cálculos irresponsables y generosos, llegué a la sólida conclusión de que dicho local emplea a más de cuarenta trabajadores. Teniendo en cuenta los sueldos y el jugoso alquiler, se debe suponer que -así como uno las ve, de perfil bajo junto a las papas y la gaseosa- las hambuerguesas generan sus buenos dividendos. Sólo cabe una explicación contraria: el sueño* de Burguer King es un excéntrico millonario que gusta de perder su dinero.

Facial: es impagable la posibilidad de disfrutar de ciertos rostros. Una mujer madura, acomodada, profesional, probablemente rubia o con botas aterciopeladas. Dicho rostro retocado quirúrgicamente, ostentanto un misterioso aire reptilino que emana de la rinoplastía. Ese afán de transitar por la vida siendo una pornstar (pero vestida) que emana de los labios inyectados con colágeno. La inconsciencia consciente de ser felina, contonearse y venderse frágil. Maquillaje que no logra aplacar el paso del tiempo, sino que lo realza y es tan hermoso. Espíritu interno que no se rinde, que busca, que desea. La noble empresa de insinuar lo carnal desde múltilpes puntos de vista. Los mismos ojos que, como puertas a un vitalismo infantil ancestral, ahora coronan un rostro más viejo, más humano, más sexual. ¡Pero qué maravillosa criatura!

*Nota del Editor: aunque es evidente el error tipográfico, el autor no aceptó cambiar la palabra "sueño" por "dueño".

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